
La suculencia y la variedad de la Cocina Mexicana la han convertido en una de las más apreciadas.
Sus orígenes se remontan al período prehispánico, a las llamadas Culturas del Maíz, ya que en torno a él y complementado con chiles, calabazas, carne de conejo, armadillo y guajolote se elaboran los más variados platillos, que alcanzan en ocasiones en carácter ritual al construir una de las principales ofrendas a los dioses y muertos.
Con la conquista, la cocina novohispana sufre enormes cambios, por la introducción de frutas, cereales, especias, ganado vacuno, lanar...
Las monjas son quienes aprovechan la fusión de ambas tradiciones gastronómicas y crean con gran imaginación deliciosos manjares que se disfrutan hasta hoy.
El Imperio de Maximiliano supone una nueva fuente de enriquecimiento, añadiéndole el refinado toque francés.
Hoy en día, los antojitos (tacos, quesadillas...), parte esencial de la comida mexicana; las sopas, carnes y pescados, tan variados como sus regiones; los postres, que provienen en su mayoría, de las cocinas conventuales del virreinato; los dulces, de origen artesanal, reflejo del sentimiento popular; los panes de caprichosas formas y graciosos nombres y las bebidas: tequila, mezcal, pulque, cerveza, aguas frescas de las más diversas frutas tropicales, atole, champurrado y el chocolate,
nos ofrecen un panorama casi mágico de sabores, olores y colores.
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